
En el año 2013 me vino un amiguete de Salinas con un proyecto en mente. Iba a coger un caserón antiguo precioso y lo iba a convertir en una escuela-albergue-hotel, todo muy surferillo y guapo. La verdad es que la cosa no pintaba nada mal: la casa era preciosa, su localización perfecta y el boom del fenómeno surf en Salinas hacía que su futuro pareciera halagüeño.
Le eché una mano para arrancar porque merecía la pena. La falta de dinero se suplía con imaginación e ideas frescas. Las ganas de hacerlo bien eran muy grandes, y la ilusión porque la cosa saliera adelante podía con todas las dificultades, que eran muchas.
Se le puso de nombre «Ewan Surf House» porque se contó con el apoyo de la marca local. Se montó una pequeña escuela, un pequeño bar, todo poco a poco. Con los años se le cambió de nombre y se le llamó Alamar; los eventos se multiplicaban, se abrio un restaurante, una terraza muy agradable y creo que todos pasamos buenos momentos. Ahí conocí a mucha gente, algunos de los cuales considero amigos a día de hoy; siempre fue un lugar de encuentro, una esquina icónica del pueblo.
Por eso en la mañana del 6 de Marzo pasado, cuando vi las imágenes de la casa en llamas, me recorrió un escalofrío y una sensación de dolor. Que pena, que todo aquello tan guapo, tan bonito, que se hizo con tanta ilusión, se vaya al garete en una infame noche.
No se las circunstancias de lo que pasó o lo que no pasó, tampoco se cual será la solución final o lo que pasará en el futuro con Alamar, solo sé que me causa una tristeza muy grande. Fueron momentos, muchos, muy bonitos en esa casa: copas, reuniones, cenas, prebodas… Todo eso nos quedará en la cabeza, pero desde luego que es mi deseo y el de muchos que todo vuelva a la vida, que todo vuelva a ser lo que era.
Espero y confío en que así sea, mucho ánimo a todos!





