Un cuarto de libra de macedonia

Corria el año 1994 y yo no sabía muy bien que hacer con mi vida. Huir a Nueva York era algo que había hecho anteriormente a finales de los ochenta, así que repetí la jugada y me compre un billete de avión; conocía gente, me movía bien por la ciudad y el trabajo allí no faltaba, así que no parecía mal plan.
Pronto conseguí trabajo en un delicatessen de la avenida Lexington y la calle 82. Era el Upper East Side, un barrio de mucha categoría que contrastaba con mi apartamento compartido de Redhook, en Brooklyn, al lado del puerto y encima de un matadero de pollos.
En aquel sitio hacía de todo, desde atender a la gente en el mostrador de la charcuteria, a limpiar, colocar los articulos a la perfección en las estanterías y hacer nosecuantos litros de zumo al día. Aunque lo que mas me gustaba era repartir, pues me dejaba entrar en casas y oficinas del vecindario, cosa que de otra forma era absolutamente imposible.
Aquello era duro. Se trabajaba seis dias a la semana, de ocho de la mañana a ocho de la tarde, y descansaba veinte minutos para comer algo cuando le apetecía al dueño, un griego sin demasiados escrupulos. Aún así, para una temporada no me importaba, era una experiencia brutal.
En este escenario surgían clientes de todo tipo, adinerados muchos, y famosos bastante. Recuerdo ver entrar a Robert Redford (lleno de arrugas); yo iba de vez en cuando a casa de Isabella Rosellini a llevarle su pedido de comida, y por cierto era encantadora. Lo del famoseo era algo inherente al barrio, pero si algo tiene Nueva York es que nadie mira para ti hagas lo que hagas o seas quien seas. Puedes llevar un loro en la cabeza que nadie mira para ti, puedes estar muriendote de hambre en la calle, que nadie mira para ti… Esta era una regla muy neoyorquina, aunque pronto encontraría la excepción a la misma.
De mano era un ejecutivo más, con su traje siempre impoluto, que hacía un descanso a media mañana para tomarse su lunch. Muchos días entraba en nuestro local, y siempre se arrimaba al mostrador donde yo estaba y me pedía «un cuarto de libra de macedonia». Yo se lo servía y y le daba las gracias. Mientras esperaba a pagar en caja, se notaba un cierto murmullo, unas miradas furtivas del resto de clientes hacia nuestro personaje, que no era otro sino John John Kennedy.


Aquello no era normal, creaba un ambiente a su alrededor que era diferente. A su paso la gente hablaba y susurraba. Me temo que tenía un estatus de «familia real» o algo parecido. Para mi no dejaba de ser un cliente mas; poco hablador pero muy educado: perfecto. Tenía su oficina muy cerca y éramos su tienda de referencia.
Años después me enteré que se habia matado en un accidente de aviacion y me dio un poco de pena, parecía un tipo majo y la verdad, su aspecto era imponente, por algo había sido nombrado el hombre mas sexy del mundo.
El otro día cenando con unos amigos comentaban que habia una serie al respecto de su romance con la que sería su mujer. «Pues yo conocí a John John» solté alegremente, y la sorpresa de alguno fue mayúscula. De hecho creo que alguno aún piensa que le estaba vacilando.
En fin, cosas de la vida!!

8 comentarios

  1. Qué bien escribes, qué lástima tu blog, de los mejores recuerdos de mi época de churfer…

    Recuerdo una entrada parecida con una actriz americana, también en NYC, misma manera de escribir. Seguramente mismo delicatessen estoy pensando…

    Me enviaste unas pegatas para el coche pero las perdí después de recibirlas y nunca llegué a ponerlas. Tonterías que se te quedan grabadas y te dejan un ligero mal sabor de boca.

    Me llegué a comprar un cacharrete, que me ha dado muchos problemas y preocupaciones, pero también de las mejores sensaciones de mi vida, cómo puede ser, si sólo es un coche…

    Me acuerdo de algunas fotos con tu mujer y tus hijas tal vez? Todo muy estético, cuidado y elegantón. Sin pasarse, pero con clase.

    En cualquier caso, sólo escribirte que guardo un recuerdo maravilloso de tu blog, más allá del surf que poco significa ya en mi vida…

    Please excuse the brevity and any typos. This message was sent from my phone.

    • Gracias por tus palabras Julian, de veras que es un placer leer tu comentario. No me echan demasiadas flores últimamente.
      Siento decirte que no tengo mas pegatina, sino te las volvía a enviar!!! En cuanto al cacharrete, es cierto que dan satisfacciones pero cuando se tuercen, mal asunto.
      En fin, gracias por todo esto que me dices, no se si te conozco o no, pero de todas formas espero verte algun día. Un saludo enorme!!!

  2. hola Chuck.. justamente el otro día estuve viendo un reportaje de la reconstrucción de cómo tuvo el accidente la cual el cual causó su muerte

Replica a Frank Indurain Cancelar la respuesta